Saab tiene un futuro muy negro.
Los encargados de gestionar la bancarrota y posible liquidación de activos de Saab llevan varios días hablándonos de partes interesadas en tomar el control completo de la compañía, aportando un rayo de esperanza a las negociaciones, pero según los analistas, y tal y como parece desde fuera, las cosas están muy negras en el horizonte Saab.

Y es que los activos que ahora mismo tiene la compañía son prácticamente nulos. Para empezar, no disponen de los derechos sobre el nombre comercial Saab para coches. GM ya ha revocado las licencias de producción de sus modelos, y por tanto, de renacer, Saab debería hacerlo o bien sin modelos GM con un impase de dos años para tener nuevos coches, o bien alcanzando un nuevo acuerdo con GM.

Y esta última posibilidad es casi una quimera, pues en una situación europea como la actual, en la que analistas y CEOs tan importantes como Sergio Marchionne no paran de indicar que existe una sobrecapacidad productiva, no tiene sentido tener a una fábrica más activa. Eliminar a un competidor en uno de los mercados más sensibles de GM, que es Europa, donde Opel va a intentar subir hacia un escalón más premium, a lo Volkswagen, es un acierto estratégico, aunque este sea a costa de cargarse puestos de empleo y un legado histórico.

Pero es que así funciona ahora la industria el automóvil. Todo el que sabe de este negocio apunta a que para 2014-2015 quedarán seis grandes grupos de automoción, capaces de sobrevivir al desafío que representa el mercado actual en cuanto a ritmo de inversión, innovación y amortización de plataformas por medio de compartirlas entre marcas de un mismo grupo. Y eso se ha cargado el ADN de muchas marcas, que se ven obligadas a vender productos que no tienen una ingeniería propia.

Porque gran parte del ADN de muchas marcas estaba ahí, en su propia ingeniería diferencial, que ahora comparten con sus hermanas de grupo.

Así las cosas, Saab lo tiene muy crudo. Los analistas consultados por Automotive News aseguran que la única alternativa de supervivencia sería una compra por parte de un gobierno, como el turco, interesado en conformar su propia industria local de automoción, que se haga con los bienes productivos de Saab (que se limitan a robots, prensas, etc, pues el suelo ya no es suyo). GM podría estar de acuerdo con una operación de este tipo. Cualquier otro tipo de apuesta, sin la ayuda de GM, necesitaría de cientos de millones de euros sobre la mesa, y una paciencia inmensa para aguantar una cuesta de dos o tres años sin productos antes de renacer, perdiendo por el camino, seguramente, toda la red comercial consolidada actualmente.

Un final muy "a lo Rover".