Esa iba a ser la última oportunidad en la que pudieran competir con un motor rotativo debido al cambio de normativa, y no la desperdiciaron. Su motor, denominado R26B, constaba de 4 rotores con 654 cc capaces de girar hasta las 9.000 rpm, ofreciendo 700 CV de potencia máxima y 608 Nm de par máximo. Si la cifra de potencia es imponente, no menos es su peso total, 830 kg gracias a su chasis de fibra de carbono. Comparando con el Peugeot 908 HDI FAP, pesa casi 100 kilos menos y tiene “sólo” 30 CV menos, todo un trabajazo por parte de Mazda y MazdaSpeed.
En ediciones anteriores habían optado por estrategias más conservativas debido a la poca fiabilidad que estaban obteniendo, pero la unidad #55, conducida por Volker Weidler, Johnny Herbert y Bertrand Gachot tuvo vía libre para conducir más agresivamente, sin tener que preocuparse (más de lo normal) sobre la fiabilidad del motor y el consumo gracias a los satisfactorios resultados obtenidos en Paul Ricard durante unos test previos. Esto permitió al equipo remontar desde la posición decimonovena de salida hasta la tercera en las primeras horas de carrera, y a falta de tan sólo dos horas conseguir colocarse en la primera posición.