No, no voy a ponerme sentimental hablando de los gentleman drivers que pilotaban sin casco por carreteras abiertas a gran velocidad en una época en la que ni siquiera existía la Formula 1
Simplemente voy a recordar una vieja costumbre que se ha perdido por los avances de la técnica y el aumento de la competitividad. Hubo una época en la que los “pilotos” -o héroes, se pueden llamar como queramos- iban rodando con el coche hasta el circuito, con el maletero lleno de cosas útiles como ruedas y herramientas. Y en el asiento del copiloto un mecánico o una novia. A veces, cuando había presupuesto, el mecánico iba en otro coche con todo el equipamiento y el piloto llegaba al volante de su coche de carreras. Con un poco más de glamour.
No es del todo cierto porque el coche recibe una adaptación para correr: llantas y neumáticos, cristales y alguna cosa más. Pero no se puede negar que le han echado bemoles yendo a correr (y a ganar su categoría) haciéndose un viaje, por ejemplo, de 1.800 km, desde California a Pike’s Peak.
Además me ha recordado a esos viajes que, de vez en cuando, hacemos. Repostando en medio de la nada, limpiando el cristal de los miles de mosquitos. Disfrutando de la calma entre la tormenta de la que vienes y a la que vas de nuevo. Esos momentos son mágicos. A fin de cuentas un viaje a 110 o 120 (m/s) puede ser realmente placentero