No sólo las gemas de mayor precio son moneda de cambio en los conflictos del tercer mundo. Algunos metales y minerales menos valiosos que los diamantes pero inmensamente útiles en las industrias electrónica y de la automoción son extraídos de yacimientos en países donde las violaciones de los derechos más básicos de las personas forman parte de lo cotidiano, tal es la República Democrática del Congo. Metales como el estaño, el tántalo, el wolframio, y cómo no, el oro, están presentes en nuestros vehículos, y ante factores como la futura demanda de los coches eléctricos, los fabricantes de automóviles y componentes están buscando la forma de reducir el uso de materias primas procedentes de países incluidos en una lista negra común.
Según informa Ward's Auto, las principales firmas del sector, agrupadas en el Automotive Industry Action Group, tienen hasta el 31 de enero para proponer métodos que ayuden a regular el mercado y encauzarlo hacia prácticas más respetuosas. La idea, en cualquier caso, parece estar centrada en la transparencia; si una empresa adquiriera materias primas en algunos de los estados enumerados, deberían hacerlo público en un informe anual disponible en su página web, previo anuncio, y con una dirección visible para su consulta pública.
Esta estrategia recuerda en cierta medida al proceso de Proceso de Kimberley para eliminar el comercio de los llamados diamantes de sangre, pero no sólo hace énfasis en los países con graves problemas de inestabilidad; otras naciones como México, Brasil, India, China y Turquía también podrían formar parte del listado final por el uso de mano de obra infantil, y sistemas de procesado de residuos no respetuosos con el medio ambiente o con un impacto negativo en las reservas hídricas.