Sergio Marchionne es "mi ídolo personal" del panorama automotor. Una cosa es seguir sus andanzas y declaraciones vía TV, o internet, o incluso en alguna conferencia, pero conocerlo en persona te cambia totalmente la perspectiva, y te lleva a admirar su ácida forma de ser, su locuaz capacidad para soltar ironías y decir exactamente lo que quiere decir, sin soltar una gota de más de información. No le preocupa atizar a su propia empresa, o a sus propios productos, y te puede atacar abiertamente si tu pregunta va con camino "difuso". Se nota que no rinde cuentas a nadie de lo que dice o afirma, y se nota también que su trabajo no es marear la perdiz con los periodistas, al estilo "representante de comunicación", y eso, en el fondo, se agradece.
Sí, se parece a Woody Allen después de comerse cinco panetones, pero es un tipo que merece la pena conocer, y con el que uno siente empatía y simpatía al mismo tiempo. Inspira confianza...
Estos días pasados, aprovechando la presentación del nuevo Panda (cosa sobre la que hablaremos pronto, tu tranquilo), Marchionne sacó el saco de las revelaciones (que no libro, porque aquí había muchas más) y a cada pregunta puesta sobre la mesa contesto casi casi con una novedad.
Marchionne primero habló de las necesidades de "su país", Italia, donde hacía falta "gente que trabajara de verdad, y no personajes que supieran hablar mucho y salir con buen aspecto delante de la televisión", ante los "demagogos" hacía falta "cordura y trabajo duro". Las críticas encubiertas al anterior gobierno y mandatarios estuvieron presentes durante su discurso de manera constante, al tiempo que hablaba de "responsabilidad" por recolocar la fabricación del nuevo Panda en Italia, dado que la única alternativa de la planta cercana a Nápoles era el cierre. La fábrica antiguamente conocida como Alfa-sud había agotado su crédito con el 159, un coche "que pesaba 400 kilogramos de más, por más que estuviera bien acabado y fuera bonito", y la baja demanda hacía que el futuro de la fábrica estuviera en entredicho.
El sustituto del 159 "no estaba listo", y "no lo veréis hasta que sea un auténtico Alfa Romeo, un coche merecedor de su insignia", de hecho Marchionne añadió "no preguntéis fechas, la nueva berlina de Alfa llegará cuando esté lista", y "será merecedora de su insignia, recuperando los valores Alfa Romeo, valores que serán representados por el nuevo 4C que se lanzará a final de 2012".
Volviendo sobre la planta napolitana, Marchionne aseguró que tenían una responsabilidad social para con las personas de la zona, y por eso habían decidido convertirla en la mejor fábrica del grupo para acoger al Panda, un modelo estratégicamente muy importante para el grupo. Con una capacidad de 365.000 coches al año, la nueva fábrica además es la primera en integrar el proceso productivo "World Class Manufacturing", un procedimiento que se implementará en todas las plantas del grupo Fiat-Chrysler a partir de ahora, y que permite un nivel de automatización y versatilidad que merece la pena verse en vivo para apreciarlo.
Preguntado sobre la gama de Fiat más allá de los 500 y Panda, Marchionne aseguró que le gustaría contar con nuevos modelos para Fiat con plataforma propia, tanto en el segmento B como en el segmento C, coches comercialmente interesantes, pero dada la situación actual europea "completamente insostenible, con un exceso productivo manifiesto que en un futuro dará lugar al cierre de varias plantas europeas de otros grupos y fabricantes", no era lógico invertir en el desarrollo de modelos de dichos segmentos a corto plazo.
En cierto modo, Marchionne vino a afirmar que, dadas las circunstancias, lo más sensato era poner los huevos en la cesta americana. Y es que como reconoció, el mercado americano, que está repuntando, y recuperándose, maneja tales volúmenes que el Dart "es la solución a gran parte de los problemas". Si el Dart funciona en EEUU como Dodge, y el Panda triunfa en Europa, las previsiones del grupo, a nivel económico, serán muy positivas, y habrá lugar entonces a afrontar inversiones en las plantas para desarrollar nuevos productos de plataforma propia.
En otro orden de cosas, pero sin salirse demasiado del tema, Marchionne aseguró que la viabilidad de las plantas europeas del grupo, sobre todo Mirafiori, tenía sentido si podían exportar producto a precio competitivo a Estados Unidos, pues si no, dado el mercado europeo y su volumen, algunas fábricas italianas perderían su razón de ser. Esto no deja de ser una velada invitación encubierta a los sindicatos a reducir los costes productivos de estas plantas si quieren seguir en el mapa. Una apuesta que, de salir bien, les aseguraría un buen futuro a todas ellas.
Marchionne, que se definió a sí mismo como "parezco el sabiondo de la clase, que responde a todo y no deja hablar a los demás", en referencia a que les estaba quitando la palabra a los otros directivos de la compañía durante la rueda de prensa, demostró que sabe exactamente lo que quiere hacer con Fiat Chrysler, y lo más curioso es que es lo mismo que había previsto hacer cuando se hizo cargo de Chrysler, cuando la compañía estaba en bancarrota.
Cuando un directivo es capaz de predecir los movimientos de mercado que han sucedido, y planificar una recuperación para Chrysler que sirva para salvar a Fiat, es que es un tipo muy listo. Y Marchionne está claro que los es.