El Mazda RX-8 no va más.

La exigente normativa europea entorno a las emisiones de CO2 se ha cobrado una nueva víctima: el Mazda RX-8. La historia, de hecho, no es nada nueva: en abril del año pasado el fabricante japonés anunció que el coupé nipón dejaría de comercializarse en el mercado europeo. La causa hay que buscarla en el motor rotativo que equipaba el RX-8, incapaz de superar la normativa Euro 5 si no se hacía una inversión millonaria. No obstante, la discreta acogida que tuvo el modelo en el Viejo Continente hizo que los directivos de Mazda prefirieran dejar de venderlo antes que invertir en él.

Como si de un efecto dominó se tratase, esa decisión ha acabado por condenar a un deportivo que nunca ha gozado del favor del público, como mínimo en la misma medida que sí logró su antecesor, el popular RX-7. El fabricante japonés acaba de anunciar que la producción del RX-8 en la factoría de Hiroshima se paró a finales de julio, con lo que el deportivo japonés ha dejado oficialmente de fabricarse. Desde que el modelo se presentara en 2003, las ventas siempre han andado en la cuerda floja, algo especialmente patente en Estados Unidos, donde han ido a la baja desde 2004.

El año pasado tan sólo se lograron colocar 1.134 unidades en Estados Unidos (un 49% menos que en 2009), una cifra bastante discreta que ha ido a peor en lo que va de 2011 (en julio las ventas cayeron un 21% más). Si a esto sumamos que el modelo no se vende en Europa desde hace más de un año, no se hace difícil entender el porqué de la decisión del fabricante japonés. En la actualidad quedan unas 300 unidades por colocar, una cifra que da para tres o cuatro meses si las ventas siguen el ritmo de las últimas semanas.

¿Significará la desaparición del RX-8 el fin de los motores rotativos? En un principio no. Mazda está trabajando de pleno en una nueva generación de motores Wankel, con el objetivo en mente de superar no ya la normativa Euro 5 actual, sino la todavía más restrictiva normativa Euro 6 que entrará en vigor en el año 2014. Este motor, conocido internamente como X16, cuenta con una cilindrada de 1.6 litros y dos rotores, y promete menos emisiones, un menor consumo y más potencia que los 230 CV que ofrecía el motor 1.3 bi-rotor del RX-8.

No obstante, tratándose de motores que consumen tanto carburante y aceite, se me hace difícil creer que superaran los objetivos marcados. Eso por no mencionar el hecho de que, en la actualidad, Mazda está destinando la mayor parte de su presupuesto en las nuevas tecnologías SkyActive. Después de todo, ¿vale la pena invertir tanto dinero en un propulsor que a lo sumo tan sólo utilizará un único modelo? En Mazda insisten que el motor rotativo no está muerto, así que sólo nos queda esperar…

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