Pero las esperanzas en el proyecto por parte de los directivos pendían de un hilo. De hecho, Don Frey se jugaba el puesto en Ford si el proyecto no salía bien. Así se lo comunicó Henry Ford II, que estaba quemado con el desastre absoluto que supuso poco años antes la fabricación de los Edsel y el dinero malgastado que supuso esta submarca.
Por suerte (o por su saber hacer), el trabajo realizado junto a Joe Oros en ese prototipo resultó ser un bombazo, como así lo acreditan las ventas del Ford Mustang en su primer año de vida: 500.000 unidades en su primer año. Y estamos hablando de 1964. Salvó su puesto de trabajo con una distinción magna cum laude.
Tan bien lo hizo que a partir de entonces, Henry Ford II lo nombró Vicepresidente de desarrollo de productos, cargo que ocupó hasta 1968, año en el que abandonó Ford Motor Company para dedicarse a dirigir varias empresas de ingeniería en los Estados Unidos.
Eso sí, a sus 86 años aún no había podido separarse de su más famosa creación, el Ford Mustang. Según palabras de su hijo, hasta bien entrados los 80, seguía disfrutando de su Mustang original de primera generación.