La mente humana es insondable.
Es interesante observar lo que está dispuesta la gente a pagar por obras de arte, como ejemplo.
  • Un diamante subastado en 2008, el Wittelsbach, por el que se llegó a pagar casi 19 millones de euros.
  • El Bugatti Type 41 Royale, del que sólo se produjeron 6 unidades (entre 1927 y 1933). En 1990 uno de estos Bugattis fue vendido por 15 millones de dólares en Japón.
  • Solo el año pasado y en una sola subasta en la casa Christie’s se movieron alrededor de mil millones de dólares en cuadros de Picasso, Monet, Gino Severini o Bacon.
  • El Retrato de Adele Bloch-Bauer (Gustav Klimt), vendido por 135 millones de dólares en 2006.
  • El Retrato del Dr. Gachet (Vincent van Gogh), vendido por 82,5 millones de dólares el 15 de mayo de 1990 en Christie’s, Nueva York (valor actual: 116,8 millones de dólares).
  • El Bal au moulin de la Galette, Montmartre (Pierre-Auguste Renoir), por 78 millones en 1990 (valor actual: 110,4 millones de dólares).
  • El Garçon à la pipe (Pablo Picasso), por 104,1 millones de dólares en 2004 (valor actual: 106,9 millones de dólares).
Jamás he logrado entender por qué la gente paga auténticas millonadas por una joya, tampoco tuve la oportunidad de integrarme en los círculos sociales en que se mueve esta gente para comprobar sus motivaciones. Pero aún más difícil me resulta entenderlos cuando compruebo que alguno estaría dispuesto a desembolsar 2 millones de libras (aprox. 2.4 millones de euros al cambio actual) prácticamente lo que cuestan dos Bugatti Veyron reales para adquirir una miniatura a escala 1/18 muy especial.

Su exclusividad está fuera de toda duda, sólo se fabricarán cuatro piezas que en sus casi 7 kg de peso incluyen muchísimos diamantes y sobretodo oro. Y por si no fuera poco las puertas se abren, el volante gira las ruedas y hasta el más mínimo detalle esta réplica a escala multimillonaria es exactamente igual que un Bugatti Veyron. ¿Pero qué quien es capaz de pagar el valor de dos Bugatti Veyron por una miniatura (por muy bonita que sea)?. En definitiva, quien entiende la mente humana?
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