En los últimos tiempos, la industria aeronáutica ha ido concibiendo aviones comerciales cada vez más grandes. Los últimos ejemplos son los Boeing 767 y el Airbus A380. Gigantes del cielo que en pleno vuelo se muestran muy poderosos, pero que en tierra resultan tremendamente torpes, si no fuera por un tipo especial de vehículos que los mueven durante las maniobras.
Son los remolcadores de aviones, unos “camiones” diseñados para el único propósito de poder mover por el aeropuerto a los pájaros de hierro. Su función específica condiciona su diseño, y su tamaño y potencia corren a al par del tamaño de los nuevos modelos de la aviación comercial.