Ni está techada, ni tiene servicios, ni ningún otro tipo de comodidad. Es simplemente eso: una gasolinera en la que lo único que se puede hacer es repostar; nada de comprar chicles, agua mineral o toblerones. Un simple surtidor acompañado de una solitaria farola, imprescindible para los cinco meses de noche ártica que la cubre cada año.
A pesar de su rusticidad, es una gasolinera que bien merece una visita aunque en vez de para repostar sea para hacerle una foto, ya que se trata de la que se encuentra más cerca del Polo Norte geográfico. Es la estación de servicio más septentrional del mundo, a medio camino entre Cabo Norte (el punto más septentrional de la Europa continental) y el mismísimo Polo Norte, a poco más de 1,300 Km. en línea recta.