Está claro que para mejorar la amplitud del habitáculo y el espacio de carga del maletero, la única solución es crecer a lo largo y a lo ancho. El problema es que con un peso mayor se necesita también más potencia para ofrecer unas prestaciones mínimas y los consumos se resienten, y lógicamente los tiempos que corren no son como para derrochar unas valiosas décimas de litro/100 km y liberar unos gramos de CO2 extra a nuestra maltrecha atmósfera. Es más, esas décimas pueden marcar la diferencia entre estar gravados o no con una significativa carga fiscal.
Una de las soluciones más efectivas que ya emplean los fabricantes para mantener el peso a raya es utilizar materiales más ligeros en el chasis y la carrocería, por ejemplo el aluminio, algo que por su coste sólo está reservado a vehículos de gama alta como por ejemplo las grandes berlinas de lujo. No obstante, marcas como Lotus ya investigan milagrosas dietas de adelgazamiento para hacer nuestros coches más ligeros sin un coste excesivo.