Corría el año 1980. El Salón de París estaba próximo y Citroën no tenía ninguna novedad de interés para presentar en uno de los eventos automovilísticos internacionales más importantes del año, así que la solución fue crear un concept car y exhibir un diseño de impacto, novedoso y futurista, aplicando ideas nunca antes vistas en un automóvil. El coche nunca vería la luz, pero al menos daría que hablar en todos los medios y, por aquel entonces, incluso se pensaba que podría marcar nuevos caminos o ideas para los automóviles del futuro.
Lo cierto es que esto último nunca ocurrió y todo quedó como un experimento estilístico bastante extravagante, pero la originalidad nunca se le pudo negar al Citroën Karin. El prototipo, creado por Trevor Fiore, empleaba de forma bastante imaginativa superficies trapezoidales haciendo que recordara vagamente a la forma de las pirámides.