El catalizador obligatorio cumple 25 años en Europa.
Corría septiembre de 1984 cuando el gobierno alemán de la época, esquivando una auténtica granizada de críticas, aprobaba la obligatoriedad del catalizador para todos los coches nuevos con motor de gasolina. Aquella decisión supuso el pistoletazo de salida para la preocupación por el medio ambiente que hoy es norma generalizada en el mundo del automóvil. A día de hoy, nadie concibe que un vehículo abandone la cadena de montaje sin equipar algún tipo de sistema de limpieza de los gases de escape.

Ahora se habla de calentamiento global, con el CO2 como enemigo a batir. Entonces, la expresión de moda era la “lluvia ácida” que quemaba los bosques, pues eran los gases tóxicos de los tubos de escape los que suponían la mayor amenaza. En Estados Unidos y Japón ya se empleaban catalizadores, pero el gobierno alemán trajo su obligatoriedad a toda Europa.
Para aligerar el proceso de sustitución, el ejecutivo germano aprobó ciertas ventajas fiscales para los coches catalizados.

Por fortuna, en estos 25 años se han acometido más normativas destinadas a disminuir las emisiones de gases tóxicos de los coches con motor de combustión interna. Además del catalizador de tres vías para los motores de gasolina, los de gasoil equipan catalizadores de oxidación y filtros antipartículas. Para 2014 llegará la norma Euro-6, que ayudará a hacer aún menos sucia a la que posiblemente sea una de las últimas generaciones de motores tradicionales.
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