Este fin de semana se celebró una de las grandes carreras del año y de mayor dificultad. El domingo en Australia los V8 Supercars rugieron en torno a las carreteras de Mount Panorama: se celebró la Bathurst 1000, o los 1000 km de Bathurst para entendernos. La prueba estrella del campeonato australiano de turismos.
Son 160 vueltas para recorrer 1000 km en una única carrera por un circuito que es una carretera de montaña pura y dura. Normalmente abierta al tráfico y limitada la velocidad a 60 km/h. y con 6,213 km de longitud con una diferencia de altitud de 174 metros. Es un circuito de los de antes, con las medidas de seguridad que pueden ofrecer unos muros casi a ras de pista, las manos de los pilotos y la fortaleza de la estructura de los coches. Pero que ahí reside precisamente su gran encanto.
Durante unas 6 horas de carrera los V8 Supercars hacen la carrera más larga de la temporada, con más repostajes, por relevos y en la que el cansancio hace mella. Y es que Bathurst es un recorrido exigente que no da respiro más que en las dos largas rectas que dispone, y en donde no ayuda el rudo carácter de los Ford Falcon y Holden Commodore V8.
Es la única carrera del año en la que la organización ofrece a los equipos un único diferencial autoblocante con especificaciones especiales a los dos que suelen poder emplear a su elección durante el año. Las subidas, casi continuos cambios de rasante en plena aceleración o frenada, con los fuertes cambios de peralte de las eses en la bajada del Monte Panorama además de los tramos de las rectas con una acusada caída de los laterales del asfalto obligan por seguridad a emplear un diferencial que prime más por el agarre y el control de los vehículos.