Tras el desaire inicial, imagino que analizaron la situación con más detenimiento, dándose cuenta que esta absurda toma de posición acabaría acercándoles demasiado a otro tipo de problema igual de peligroso: las compañías eléctricas (recuerden a Enron, pero no se olviden de algunas más).
Obama finalmente restauró las ayudas que en su día denegaron. De momento, 187 millones de dólares vuelven a la caja de donde nunca debieron escapar, la del hidrógeno. Jerome Hinkle, vice presidente de la National Hydrogen Association, se muestra satisfecho de que la administración Obama haya “hecho las paces” con los coches de hidrógeno. Una satisfacción que deberíamos compartir la mayoría.