La construcción del autódromo de Sitges había costado cuatro millones de pesetas y aún había importantes deudas con la empresa constructora. Esto hizo que la recaudación de aquella carrera fuera a manos de los constructores, haciendo imposible pagar los premios de los pilotos ganadores. Por este motivo, la AIACR (Association Internationale des Automobile Clubs Reconnus), que era en aquellos días lo que conocemos hoy como la FIA (Federation Internationale de l’Automobile), sancionó al circuito con la prohibición de celebrar más carreras importantes.
Además, por aquella época los coches de competición fueron aumentando su potencia rápidamente por lo que el autódromo de Sitges, de tan sólo dos kilómetros de longitud, enseguida se quedó pequeño. Como no iban grandes pilotos tampoco iba mucho público así que Terramar comenzó su debacle.