Adrian Newey es uno de los grandes ingenieros de la actualidad. El dominio del Red Bull RB6 en el comienzo de esta temporada ha hecho que el nombre del británico esté en boca de todos. Ya sea a comienzos de los noventa con Williams F1, en su etapa posterior con McLaren o ahora con Red Bull, de las manos del británico han salido algunos de los monoplazas de Fórmula 1 más geniales de la historia.
Dicen de él que es el mejor pagado de la escudería anglo-austriaca, que únicamente trabaja cuatro días a la semana y que no suele conducir. Prefiere utilizar un chofer que le permita seguir trabajando durante los trayectos. Quizás es por ello que Adrian Newey tiene una faceta menos conocida como piloto de carreras.
Cuando comencé a investigar el dato que más me llamó la atención fue el siguiente. Dicen que la mejor manera de explicar una sensación, es sentirla uno mismo. Así que manos a la obra. Durante la temporada de 1993, Adrian Newey diseñó el Williams FW15, pero además fue uno de los encargados de actuar como test-driver. Aquel coche le permitió a Alain Prost lograr su cuarto título de Campeón del Mundo.
En aquella temporada nombres como Jean Ragnotti o David Coulthard fueron alguno de los nueve pilotos que desarrollaron el papel de piloto de pruebas en la escudería inglesa, pero tan sólo uno, Adrian Newey, había sido el diseñador de ese mismo monoplaza. Que manera mejor de transmitir las cosas a los ingenieros que siendo los piloto e ingeniero la misma persona.