Tucker en venta.

Durante los últimos meses nos hemos encontrado con un buen puñado de pequeños fabricantes dispuestos a triunfar donde las grandes generalistas han fracasado o ni siquiera se han atrevido a adentrarse. Fisker Automotive, Tesla Motors y Detroit Electric son algunos de sus nombres. Pero hubo un tiempo, justo al terminar la segunda guerra mundial, en que parecía que cualquier emprendedor con una idea y la voluntad para llevarla a cabo podía triunfar en la industria.

De este ímpetu y fruto de una visión completamente avanzada a su tiempo nació el Tucker Sedán de 1948, fetiche de coleccionistas y doloroso ejemplo de que en ocasiones, hace falta mucho más que buena voluntad para triunfar donde otros fracasaron. Preston Tucker lo descubrió a las malas cuando su epónimo automóvil desapareció tras apenas haberse fabricado 51 unidades. Sesenta y un años más tarde, una de ellas ha reaparecido para salir a subasta.

El próximo mes uno de estos coches que por desgracia se quedaron en sólo potencialmente revolucionarios será rematado en Oakland, Estados Unidos, junto a un segundo motor y varias piezas de repuesto. El detalle del motor es interesante, porque Tucker concibió su futurista berlina para poder sustituir su motor traseri de seis cilindros con sólo retirar media docena de tuercas. Otras innovaciones eran un chasis que envolvía al conductor para protegerlo de impactos y la luz central direccional, aunque fue mucho, muchísimo lo que se quedó en el tablero de dibujo (como los frenos de magnesio).

Con sólo 51 unidades completadas en todo el mundo, será interesante ver el precio de venta de este modelo concreto, más aún en tiempos de crisis. El año pasado se subastó uno por nada menos que 1.017.500 dólares, así que el listó no está precisamente bajo.

Volver Siguiente