Trabajar en la Formula 1.
Reportaje enviado por el Sr. Daniel Orezzoli.

Actualmente los pilotos profesionales de autos de carrera obtienen ingresos considerables sobre todo si nos referimos a la Formula 1 y otras categorías profesionales de primer nivel. Durante la historia de este deporte el negocio para las escuderías y los pilotos fue creciendo de la mano de la publicidad y la televisión que  llevó las carreras desde los circuitos, donde sólo asistían los aficionados, a los hogares de todo el mundo.

En la época previa  a esta masificación de la televisión y de la publicidad, el negocio de las carreras funcionaba de una manera radicalmente distinta a la actual y por supuesto a una escala bastante menor.

En general los dueños del “show” eran quienes poseían los circuitos y de manera de atraer interés a las carreras que se organizaban en ellos, la costumbre era ofrecer un premio por el solo hecho de participar (en efecto a este incentivo se le denominaba “starting money”) y por supuesto premios adicionales por los resultados en las mismas. Por otra parte, los ingresos de los propietarios de los circuitos consistían en las entradas que se vendían más la publicidad que lograban instalar en ellos.

Hoy sabemos que la persona que tuvo la visión pionera que transformó a la Formula 1 desde su punto de vista comercial fue un pequeño personaje (en estatura) inglés llamado Bernie Ecclestone quien por la vía de unir a los constructores y unificar criterios y estándares hizo más seguro este negocio para los avisadores y de paso destronó a los dueños de los circuitos quienes pasaron solamente a ser parte del circo, cuando silenciosa pero decididamente la  nueva entidad organizadora se apropió del “intangible” del negocio.

Hoy la propietaria del “circus” es la sociedad Formula One Group y genera millones de dólares al año gracias a la captura de una parte importante de los derechos de televisión, publicidad y participaciones en cada carrera que se disputa, siendo sus controladores CVC Capital Partners, un Fondo de inversión internacional y el banco JP Morgan, manteniendo aún Ecclestone un porcentaje menor, más el manejo ejecutivo.

Leyendo el libro del periodista norteamericano Robert Daley, “Cars at Speed” escrito originalmente en 1961 y quien a fines de la década del cincuenta y sin un Dólar en sus bolsillos se estableció en Europa para reportear las carreras de Formula 1, me llamó la atención su descripción de la parte financiera de las carreras de ese entonces.

Según Daley un piloto promedio de Formula 1 en 1960 ganaba unos US$20.000 al año, cifra que corregida por el índice C.P.I (consumer price index) Norteamericano, equivale  a unos US$160.000 actuales.

La composición de los ingresos de este piloto promedio era como sigue: el fabricante del auto, en general, le pagaba un sueldo fijo de unos US$300 mensuales por el compromiso de correr para él y de llevar a cabo los tests o pruebas necesarias durante la temporada y por otra parte el fabricante y el piloto se distribuían 50/50 los premios de cada carrera que consistían en los de participación y los por resultados.

Dado lo anterior si este piloto promedio disputaba unas 10 carreras al año, solamente por inscribirse en ellas y siendo parte de la grilla de partida le significaban US$10.000 anuales, ya que en promedio los starting money eran de unos US$2000 por carrera para el caso de la Fórmula 1. (en general las carreras de autos sport no repartían premios por participación).

La suma restante (unos US$6400 anuales) era lo que este piloto promedio ganaba en premios y estos dependían de la importancia de la carrera, del país que lo organizaba o en el caso particular del Gran Premio de Francia, en el circuito de Reims, de la industria de la Champagne, que contribuía con ellos y eran de los más altos
Afiche publicitario para el GP de Francia de 1960 que se corría en el circuito semi permanente de Reims en el corazón de la región del Champagne, reconocido como el que pagaba los mejores premios
Un triunfo en un Gran Premio de Fórmula 1 significaban unos US$4000 de la época que como dijimos el piloto se llevaba la mitad. La Targa Florio, famosa carrera de resistencia que se corría por las “stradas” de Sicilia repartía US$9000 al ganador.

Habían también casos excepcionales como lo fue la organización de una carrera en el circuito de Monza en Junio de 1958 que se promocionó como la carrera de los dos mundos y que consistió en una competencia de óvalo en el famoso circuito peraltado, ocasión que se invitó a la creme de la creme de los pilotos norteamericanos y que repartía US$80.000 a los ganadores (unos US$40.000 solamente al vencedor) y que incentivó a la Maserati a construirle un auto específico a Stirling Moss que costó US$21.000 de la época y que también ayudó a financiar la fábrica de helados “Eldorado”.
La carrera de los dos mundos (Monzanopolis) en el famoso óvalo peraltado, carrera que pagó premios enormes con el afán de promocionar el circuito y la integración con las carreras de óvalo. Comercialmente fue un fracaso.
Naturalmente y al igual que en los tiempos actuales habían pilotos que brillaban con luz propia y que para fines de los cincuenta eran principalmente Juan Manuel Fangio y Stirling Moss, cuyos ingresos eran muy superiores al del resto. De hecho y producto de lo mismo Fangio tuvo una discusión tributaria con las autoridades de su país tras la caída del Presidente Perón que lo obligó a estirar su estadía en Europa hasta resolver dicho conflicto. Se sabe que la Mercedes por el sólo hecho de ganar el Gran Premio de Argentina de 1955 en condiciones atmosféricas al límite de lo humano y que hecho cobró muchos abandonos por fatiga (no de material si no de los pilotos), le dio un premio adicional de US$5000 de la época.
Juan Manuel Fangio posando en Monza tras la obtención de su primer campeonato mundial al mando de un Mercedes (1954). Tras él se ve al Jefe del Equipo Alfred Neuebauer y al resto de los pilotos de esa temporada. Fangio fue el seguro que “compró” Mercedes para lograr la corona de ese año, con un trato económico secreto pero seguramente muy sustancioso.
Stirling Moss por su parte firmó un contrato con la BP (Bristish Petroleum) por 10 años a razón de US$28.000 anuales y normalmente lograba ganar entre US$80.000 y US$140.000 por temporada, gracias a su talento y al hecho que Moss corría la temporada completa de Formula 1 más la de autos Sport, carreras de Gran Turismo, records de velocidad, etc.
Stirling Moss en el salar de Bonneville (1957), batiendo un record a 245 m.p.h. en un MG prototipo. Una actividad distinta a la Fórmula 1 pero que le reportaba ingresos adicionales.
Así las cosas había pilotos privados que sacaban cuentas y se embarcaban en un negocio de altísimo riesgo que era el de financiarse su propio auto (normalmente un auto de Gran Premio para privados podía comprarse en unos US$15.000), pagarse sus gastos de transporte y reparaciones, inscribirse en las  carreras que pagaban starting Money  y …….tratar de no chocar ni matarse, lo que no era muy fácil, haciendo de esta actividad un método de ganarse la vida...
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