Scuderia Filipinetti, una página de oro del automovilismo.
Rojo con una línea blanca, esos son los colores de la Scuderia Filipinetti, colores de la bandera suiza en donde radicaba. Suiza,  ese país que supuestamente prohibió las carreras a partir del accidente de Le Mans de 1955, pero que albergaba algunos de los más apasionados aficionados al automovilismo de competición.
De entre ellos el más sobresaliente, el que más marca una época de la historia de las carreras de coches, fue Georges Filipinetti (1907-1973), dueño y alma de la Scuderia Filipinetti, el que fuera sin duda el equipo privado continental más importante de los años 60, que escribió páginas brillantes junto a NART, Maranello Concessionaries y otros que dominaron las parrillas de las más míticas carreras: Le Mans, Targa Florio; Nurburgring...

Sus pilotos fueron célebres, con nombres que van desde Jim Clark a Henri Pescarolo. Sus mecánicos no fueron menos, Sbarro es el más famoso.

La Scuderia Filipinetti con un Cooper Maserati  disputó varios GP de Fórmula 1 y en 1967 lograron la victoria de clase GT en Le Mans con un Ferrari 275 GTB, sin dudas su gran momento de gloria.

Georges Filipinetti (1907-1973) era hijo de unos inmigrantes italianos establecidos en la región de Ginebra, Suiza que hicieron su fortuna en la fabricación de aparatos eléctricos, calefactores y acondicionadores de aire. Siguió estudios de ingeniería y trabajó para Chrysler y Bugatti.

En los años 30 disputó carreras con un Maserati 1500, en especial carreras en cuesta de las que los suizos siempre fueron grandes aficionados.
Scuderia Filipinetti en un GT 40 proporcionado Ford.
Después de la guerra se asoció al empresario americano Von Neumann, importador de Porsche y Ferrari de la primera época, estableciendo concesionarios de coches de prestigio en Suiza. Admirador y amigo de Enzo Ferrari, Georges Filipinetti fue el alma del Geneve Motor Show. Recibía en su castillo de Grandson, en la ribera del lago Neuchatel, a todos los pilotos que habían pilotado sus colores, y a todos los que eran alguien en el mundo del motor. Allí se mostraban sus colecciones de coches en el más importante castillo medieval de Suiza, que adquirió, porque era el más importante de los que estaban a la venta. Gracias a su asociación con varios clientes famosos, entre ellos el Aga Khan, se dedicó a los negocios inmobiliarios.

Megalómano, gran cultivador de las relaciones humanas, tenía un porte distinguido que le hacía llevar con dignidad los títulos honoríficos que le concedieron o adquirió. Entre otros fue representante diplomático de San Marino ante los organismos internacionales, lo que le proporcionaba gran satisfacción personal.

Una serie de malas inversiones inmobiliarias, en especial en Sicilia, tierra de su querida Targa Florio, le llevó a la ruina y a su muerte. Su hijo, mal aconsejado no vio otra solución que quitarse al vida como también lo hizo su viuda. Entre tanta tragedia, la liquidación de la Scuderia Filipinetti no fue una historia importante, pero sí para la historia del automovilismo.

En 1961 Gorges Filipinetti, a la sazón representante en Suiza de las más prestigiosas marcas de automóviles, y en recuerdo de su juventud como piloto, tomó la iniciativa de apoyar con un equipo totalmente privado la carrera de emergentes pilotos suizos. Su idea era que el equipo debía procurar los aspectos logísticos y económicos, contratar mecánicos, comprar coches, desplazarlos todos a las carreras, lograr esponsors, y los pilotos debían concentrarse en pilotar el coche y lograr los mejores resultados posibles.

La Federación Suiza del Automovil no creyó conveniente que se llamara Ecurie Suisse, y se llamó Scuderia Filipinetti y su blasón fue el escudo de armas del Chateau de Granson,

Su primer piloto fue el suizo Jo Siffert (1936-1971) y la nómina de pilotos que llevaron sus coches rojos con una banda blanca en homenaje al estandarte suizo, es impresionante. Participó en Grandes Premios y carreras y campeonatos de F1, F2, Sport Prototipos (dispuso de tres plazas de  invitación en Le Mans hasta la disolución del equipo), ganando la Targa Florio y otras carreras menores.

Después de su muerte se acaba la escudería dejando  frutos más allá de su propio nombre. Si todo se hizo para poner a Suiza en el mundo del Motor con mayúsculas, sólo hay que recordar que suizo era Clay Ragazzoni, también lo es Sauber (vencedor en Le Mans), y que de ese país son muchos los pilotos que pueblan las categoría mayores del automovilismo.
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