El mundo del dinero es caprichoso. Un Rolls-Royce Phantom no era suficiente para una desconocida celebridad de Las Vegas y encargó un kit de carrocería exclusivo. Así nacía el Rolls-Royce Centurion, un Phantom con unas curiosas protuberancias laterales, extrañas ópticas delanteras y llantas de dudoso gusto, por no mencionar una zaga que tampoco es original. En cualquier caso, el interior permanecía de serie y al fin y al cabo, sigue siendo todo un señor Rolls valorado en medio millón de euros, aproximadamente.
Por lo que parece, la celebridad estadounidense lo subastó a principios de 2007, y fue vendido a un comprador de origen ruso. No se perdió la pista a un coche tan peculiar, de hecho fue avistado varias veces en las calles de la Federación Rusa portando una nueva matrícula. Lo que nos lleva a este mismo invierno, a un yermo desolado entre el entramado de redes ferroviarias que rodean Moscú. Junto a maderas, neumáticos y otros desechos, yace abandonado el Centurion, medio enterrado en la nieve.