Zwart, muy experimentado en Pikes Peak, tenía sus dudas con respecto a la altitud. La disminución de la cantidad de oxígeno mientras se sube a más de 4.000 metros de altitud es patente en el desempeño de un motor. La mayor parte de motores pierde la mitad de potencia a medida que ascienden, por ello todos usan turbocompresores y tienen cifras de potencia nominal estratosféricas. Sin embargo, los ajustes electrónicos de los ingenieros propiciaron un rendimiento estable a todo tipo de altitudes, por lo que apenas hubo problemas en este frente.
Otro de los retos era la superficie, que no se lleva demasiado bien con la suspensión de asfalto y slicks. Dicho y hecho, se adoptó una suspensión más permisiva y neumáticos Pirelli Cup de competición en asfalto, pero de lluvia extrema. Con unos pequeños guardabarros de plástico y toda la ilusión del mundo, Zwart acometió la subida. Al llegar a la cima habían transcurrido 11 minutos y 31 segundos, aunque a Zwart le había parecido más tiempo. Los responsables de Pirelli y Porsche Motorsport saltaban de alegría ante este nuevo récord.