Ferdinand Karl Piëch tiene las cosas muy claras a sus 73 años: el día en que abandone este mundo, no quiere dejar solamente su nombre en los libros de historia. El imperio que ha levantado debe permanecer en pie cuando él deje de estarlo, y para ello, ha tomado medidas realmente drásticas. El presidente del consejo (y uno de los principales accionistas) del Grupo Volkswagen evitará que sus hijos puedan tener acceso directo a las acciones que maneja, dividiéndolas en dos fundaciones austriacas: Ferdinand Karl Alpha y Ferdinand Karl Beta.
La idea es proteger Volkswagen tras su muerte, evitando que sus doce hijos (de cuatro mujeres distintas) la destruyan en un festival de despilfarro. El control de ambos grupos quedará en manos de su actual esposa, Ursula Piëch, diecinueve años más joven que él y por lo tanto en situación de dirigir las propiedades del ejecutivo. Además, y para garantizar la estabilidad del Grupo, sus herederos solo podrán vender las acciones si nueve de ellos se ponen de acuerdo y consiguen el visto bueno de las juntas directivas y de supervisión de las fundaciones. Y eso no es todo; lo que mas me gusta a mi de este testamento es al aceptarlo, Ursula también se compromete a no volver a casarse, o de lo contrario, se quedará sin nada (cosa que también sucederá si se divorcia de Ferdinand).
No es necesario decir que la noticia no ha sentado maravillosamente bien en todas las casas. Algunos de los hijos de Piëch, particularmente aquellos nacidos fuera de los matrimonios de su padre se sienten discriminados, y no aceptan recibir una herencia menor que sus hermanos legítimos, por lo que han anunciado que podrían emprender acciones legales.
Será interesante, por decir lo menos, seguir esta telenovela…………..
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