La apuesta a la caída del grupo se fundaba en varios factores entre los que se contaban una baja rentabilidad en el sector automovilístico, una deuda elevada, un management anticuado y una familia controladora sin una línea sucesora definida. Todo lo anterior llevó al holding controlado por la familia Agnelli a vender a General Motors (GM) un 20% de la propiedad de Fiat auto, manteniendo una opción a vender adicionalmente el porcentaje restante a un precio definido durante un período de 6 años. Esta unión con GM dio pie a un proceso de integración entre ambos conglomerados que se tradujo en el compartimiento de la tecnología de Fiat para la fabricación de motores y chasis para autos pequeños por una parte y la negociación con los proveedores de insumos en forma coordinada por otra.
Sin perjuicio de lo anterior las cosas no dieron los frutos esperados ya que Fiat continuaba con una gama desactualizada y GM comenzó a enfrentar también problemas propios derivados de la alta carga financiera de su sistema propio de pensiones.
A inicios del año 2003 la situación hizo crisis lo que coincidió además con la muerte del patriarca del grupo italiano, Gianni Agnelli. Justamente es en ese período que llega a Fiat como asesor del Grupo Sergio Marchionne, un ingeniero comercial y abogado de 50 años cuya familia había emigrado a Canadá cuando tenía sólo 14 años por lo que había desarrollado toda su vida estudiantil y profesional fuera de Italia, primero en Canadá y luego en Suiza en el sector del packaging y luego del aluminio, es decir un perfecto desconocido de la industria del auto y de la sociedad italiana.