Desde el mítico C1 diseñado por Harley Earl, el Chevrolet Corvette es uno de los iconos más representativos de la cultura popular estadounidense. Tanto como el Tío Sam, la botella de Coca-Cola, o la Estatua de la Libertad, el más ilustre deportivo en el catálogo de General Motors es uno de los embajadores por excelencia de Estados Unidos, pero no hay que olvidar que nació en su día como respuesta a los coches europeos que ya empezaban a verse por las carreteras y circuitos del país tras la Segunda Guerra Mundial. En su séptima generación, es posible que regrese en cierto modo a su inspiración europea.
Ed Welburn, responsable de estilo de General Motors, ha señalado a AutoWeek que a finales del año invitó a 10 estudios de todo el mundo a presentar sus propuestas de diseño para el Corvette C7, con énfasis en Europa. ¿El motivo? Según Welburn, la edad de los compradores de un Corvette está convirtiéndose en un problema en Estados Unidos, y las cifras parecen darle la razón; un estudio de la consultora Power Information Network sitúa la media en 54 años. El estereotipo del conductor entrado en años tratando de sacudirse la crisis de la mediana edad con un Corvette ya no parece tan exagerado, ¿verdad?
Tanto como el origen de las propuestas, es la forma en la que intentarán hacer frente a los problemas del C6. Welburn reconoce que la calidad del habitáculo podría ser mejorable, y también parece encontrarse entre los que opinan que el Corvette se ve exageradamente grande a pesar de medir lo mismo que un Porche 911, por lo que GM buscará un diseño más reducido (no sabemos si físicamente, o desde un punto de vista meramente visual).
Sea como sea, el ejecutivo reconoce también que un Corvette no puede desviarse demasiado de su esencia si quiere seguir llevando las dos banderas cruzadas en el capó, por lo que será prioritario mantener las características que han convertido al modelo en la referencia americana.