En los años cincuenta muchas industrias automovilísticas, como Rover, Renault, Chrysler, General Motors y Fiat, se aventuraron en el estudio y en la realización de un motor de turbina para aplicar al automóvil.
Cuatro años después del primer vehículo de turbina propuesto por Rover (el Jet 1) también la industria italiana anunció un estudio original el 15 de abril de 1954. Fiat había participado, tras la Segunda guerra mundial, en distintos programas de desarrollo de motores de turbina, en particular para aviones, como era el caso del turbojet inglés De Havilland Ghos