Bush defiende su decisión de rescatar a GM y Chrysler.

El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, defendió hoy sábado su decisión de ayudar a las empresas automovilísticas de su país, una decisión que deja en manos de su sucesor, Barack Obama, el destino definitivo del sector automotriz norteamericano.

En su discurso radial de los sábados, Bush dijo: "si dejáramos que el libre mercado siguiera su curso, casi con toda seguridad eso llevaría a la quiebra caótica y la liquidación de las automotrices". El Presidente manifestó: "en medio de una crisis financiera y una recesión, permitir que la industria automovilística de EE.UU. se hundiera no hubiera sido una actitud responsable" sostuvo Bush.

La medida presentada por el presidente saliente supone que General Motors y Chrysler, las automotrices en peor situación, recibirán de forma inmediata 13.400 millones de dólares en préstamos y otros 4.000 millones de dólares estarán disponibles en febrero. En cambio, Ford, el segundo fabricante de automóviles estadounidense, ha dicho que no necesita en estos momentos ayuda financiera.

El dinero destinado al rescate de las automotrices provendrá del Plan de Rescate de la Industria Financiera (TARP) que el Congreso aprobó hace unos meses, por un total 700.000 millones de dólares. A cambio de estos fondos de rescate, las empresas automovilísticas tendrán que presentar un plan de viabilidad antes del 31 de marzo.

Esta reestructuración, según afirmó George W. Bush, "requerirá concesiones significativas de todos los implicados en el sector como directivos, sindicalistas, acreedores, accionistas, concesionarios y proveedores".

Por supuesto que las empresas automovilísticas han recibido con beneplácito el plan como un salvavidas en el último momento y sus directivos han prometido que presentarán el plan. Sin embargo, los trabajadores de estas empresas han advertido que la medida coloca la presión mayor sobre sus miembros. El viernes, Bush había indicado que los trabajadores deberían acceder a medidas salariales y de condiciones de trabajo que les hagan competitivos respecto a las compañías automotrices extranjeras.

Pero, además de los sindicatos, los préstamos han recibido críticas también por parte de los legisladores republicanos, en oposición a lo dispuesto por Bush. El senador Judd Gregg declaró que el préstamo es "inconsistente" y puede fomentar que otros sectores con problemas económicos demanden también una parte de esos fondos tomados del TARP.

Al anunciar la medida de salvataje, Bush aseguró que "una de las cosas que pretendía evitar era que en sus primeros días de mandato Obama -que comienza el 20 de enero- tuviera que enfrentarse al hundimiento del sector automotriz estadounidense". Sin embargo, con esta medida el presidente electo tendrá que decidir sobre el futuro del sector apenas después de su llegada al poder.

Ron Gettelfinger, el presidente del principal sindicato del automóvil (UAW) ha afirmado que apelará a Obama y al Congreso, de mayoría demócrata, para que suavice las condiciones a los trabajadores.

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