Teóricamente y al pesar mucho menos que una nave de las dimensiones actuales debería soportar la fricción y aterrizar en el planeta tierra sano y salvo. Ahora bien ¿y para hacerlo llegar hasta la estación espacial? Que mejor forma que en el bolsillo de un astronauta, concretamente el de Koichi Wakata que expresó su apoyo al proyecto, después de saber que algunas notas del astronauta israelí Ilan habían sobrevivido a la violenta desintegración del transbordador espacial Columbia en 2003.
Si la NASA aprueba el experimento, el transbordador Discovery llevará varios de estos aviones de papel a la Estación Espacial Internacional en febrero de 2009, sin saber aún si el propio Wakata será el responsable de soltarlos o se hará con un brazo robótico.
Un último problema queda en el aire, como localizar donde caerán los aviones, que tienen muchas probabilidades de que aterricen en agua (el 80% de la la tierra está formada por el líquido elemento). No se les puede incorporar ningún aparato de localización ya que aumentarían su peso. La solución no ha sido otra que escribir en a las alas un mensaje en varios idiomas que viene a decir algo así como: si encuentras este avión ponte en contacto con nosotros inmediatamente, es muy importante.