Por supuesto, ese dinero se podría haber invertido en poner al día a la compañía, que se había convertido en el patito feo del grupo, pero según Ford, los compradores habrían seguido teniendo la misma impresión sobre Mercury, y hubiera sido realmente difícil cambiar la situación.
Ciertamente siempre es una pena que una compañía desaparezca, en primer lugar porque aunque no fuera rentable, al acabar con una compañía siempre se destruye valor, y en segundo lugar, porque se pierden puestos de trabajo.
No obstante hay que mirarlo por el lado positivo, el grupo Ford tiene muchas bocas que alimentar (Lincoln para empezar acaba de estrenar su MKZ híbrido) y una menos puede garantizar el futuro de la compañía.