El accidente se produjo cuando Mike Hawthorn recibió una señal de su equipo para detenerse a repostar. El británico frenó demasiado rápido hacia la derecha y Macklin dobló hacia la izquierda para evitarlo, por lo que el Mercedes de Pierre Levegh no pudo evitar embestirlo. El monoplaza de Levegh saltó por el aire, se estrelló contra una barrera de rieles y estalló envuelto en llamas, lanzando una lluvia de gasolina y aceite ardiente sobre todos los que se encontraban cerca. Los dos coches que habían chocado anteriormente, eran el Mercedes del alemán Karl Kling y el Austin Healey conducido por Macklin.
La carrera continuó pese al accidente, pero a las 0.27 (hora de Greenwich), una orden telefónica dada por el Dr. Fritz Koensche –gerente general de la fábrica Dailmer Benz en Stuttgart– dispuso que se retiraran los dos Mercedes que quedaban en pista: el de Karl Kling, quien pese al accidente seguía en su mismo coche, y el conducido por la dupla Juan Manuel Fangio – Stirling Moss. Tiempo después, en un artículo de The Guardian el argentino dio crédito a Levegh por salvar su vida, ya que antes de chocar, el francés agitó su brazo haciendo señas a Fangio, que gracias a esto fue capaz de frenar a tiempo para evitarlo.
El trágico destino de Ascari
Hijo del también piloto Antonio Ascari, que perdió la vida en el Gran Premio de Francia de 1925, el Campeón del mundo de las temporadas de 1952 y 1953 siempre intuyó que moriría en accidente como su padre. Pero la singular manera en que se produjeron los hechos, añade un halo de misterio al accidente, ya que –según cuenta la “leyenda“– Ascari perdió el control del coche al ver un extraño paseando por la pista.